LA MUJER DEL PIANO
El archinombrado magenta rose estaba lleno casi siempre, salvo el mes de María y los 14 de febrero. La música era fuerte y para hablar había que gritarse. Esta pared de ruido servía para 3 objetivos: Espantar a los poco tolerantes y refinados, ocultar a los clientes de las piezas de al fondo que recibían servicios de las señoritas del local y , por último, para bailar.
Era una casa antigua, cuya puerta de entrada daba de inmediato a un inmenso hall, donde se abarrotaban las personas, haciéndose caber entre mesas con velas y la “pista de baile”. El letrero “ Launch” ( que supongo querría decir Lounge), daba la bienvenida y limitaba con el pasillo a las piezas posteriores, enfrentándose simétricamente y divididas por este pasadizo con pósters de Rita Hayworth y Greta Garbo, alguna vez en blanco y negro, pero que el tiempo tiñó de sepia. Había una mezcla equilibrada y casual entre el magenta antiguo, de los viejos con paletó, y el magenta actual, de los terneados con celular.
Nos habíamos bajado del escenario hace unas dos horas, y ya estábamos borrosos. Para nosotros mismos y para el público, que quedó tan satisfecho con nuestras canciones, que ni siquiera pidieron un bis. Nos sentíamos orgullosos y complacidos.
Es difícil notarse entre tanta gente, y es imposible evitar el tacto apretado de todos contra todos. Pero ella era distinta, reconocible. Un ángel para el local y posiblemente la razón por la cual el servicio de atención de caballeros había tenido un alza notable en estos 2 años,desde su llegada, ella había efectuado su trabajo con calidad inigualable, por horarios extendidos y llevándose consigo el 70% de la cartera de clientes. Ni denisse ni Yessenia, la mítica dupla del local la podían ya alcanzar. Lady Lucy era una prodigio, logrando incluso un excelente trato con la policía. Ellos no emitirían órdenes de cateo a cambio de 10 cupos mensuales de servicio gratis. Sucedió lo mismo con el servicio de impuestos internos y el consultorio aledaño.
Era única, y se notaba de inmediato.Sin embargo, esta vez su poder de aparición no la acompañaba, y casi pasaba desapercibida, como el resto de las personas en el local. Apagada, casi en blanco y negro.
Sòlo Kasilas y su evolucionado sentido del olfato la olieron llegar desde el pasillo. Su aroma a Gelatti se volvía dulce al sumergirse en su Ph. Pasaba con dificultad por el mar de gente, su pelo no brillaba, el rimel dibujó dos surcos por sus mejillas blancas y su cuello blando no sostenía su cabeza de manera altiva, sino oscilando de hombro a hombro. Estaba cansada, borracha, drogada y cabizbaja:
- tssss la ondita hermano, la pobre cabra parece escoba vieja, qué le pasó?
- ch... la pega, hermano, la pega. Si uno es humano, no máquina
- Pero los viejos dicen que ella es una máquina, no?
- bueno, hasta las máquinas necesitan un mantenimiento y reposo, no?
- en todo caso, no siempre se la puede mi tractor. Entre las bromas del quinteto titular del local, el zumbido de las conversaciones mezcladas y “ Descanso Dominical” de Mecano en los parlantes, Lady lucy llegó trastabillando a ninguna parte, según pensaba ella. Y se dejó caer sobre la primera silla que encontró vacía.
Jamás he podido entender cómo juega las cartas Dios, pero también tengo claro que jamás me voy a jugar un póquer con él. Para jugar con el no serás un placer, sino una carta más. Uno sólo puede disfrutar o estremecerse de las gracias que se le ocurren al de arriba. Y esta vez en particular, disfrutamos y nos estremecimos al mismo tiempo.
La silla no era una silla, era un piso redondo de la barra, con las patas cortadas a la altura precisa para el piano. Al no encontrar el respaldo de la silla, apoyó su espalda en el viejo Hohnner, un piano de saloon contra el muro. No se abría desde la época en que las cuecas llenaban el local, cuando nuestra música criolla se ejecutaba con arpas, guitarras convencionales y platillos de té.
Ella frunció el ceño, levantó una comisura e intentó incorporarse. Abrió el piano, y quitó el polvo de las teclas, ensuciando sus yemas y limpiándolas en su falda de cuero. Nadie ponía atención, lo que la hizo sentirse cómoda. Para tantos años en el olvido el piano no estaba tan desafinado, lo cual evidenciaba que era de buena calidad. Lady lucy se encontraba en la misma condición. Había pasado más de una década de la última vez que intentó tocar en uno.
Así fue el sublime reencuentro de sus falanges con la escala de marfil.
Y tocó.
Para los oídos afortunados que han podido escuchar la suite “angel” de Rachmanninnoff tendrán entendido que la escencia de la pieza son los arreglos corales, que suenan casi celestiales. Y así lo pensábamos nosotros también. Así que fue un pseudo-milagro escuchar la mismísima versión sin los mentados coros. Sólo la línea de piano y nada más. Y era realmente el piano lo escencial de la pieza.
No era raro saber Lady Lucy que tocaba piano. Era raro saber que tocaba muy bien. Pero lo increíble era que tocara rachmanninnoff. Realmente de gusto exquisito y talento sobrenatural, porque ha de entenderse que las escalas pentatónicas en un piano requieren de una destreza inconmesurable para ser ejecutadas, y más aún a tal velocidad.
Lo presenciado era un espectáculo espantosamente hermoso. Una mujer demacrada a la vista, con aquel cuerpo delgado y armónico, a pesar de lo mustio que se encontraba en aquel momento. Sus movimientos espasmódicos sobre el instrumento realzaban la fantasmagórica belleza de aquella dama sobre el hohnner, como una mantis religiosa sobre una hoja en movimiento.
Y de la música, ni hablar. Y bien dicho, porque nadie habló. Los que gustan de la música quedaron estupefactos ante tal impecable ejecución. Los menos asiduos a ella quedaron pasmados con la demostración de magistral destreza sobre las seis octavas. Silencio absoluto, mientras “Angel” revoloteaba y llenaba el local de armonía celestial. El sonido creaba una suerte de reverberancia al rebotar blandamente en las murallas de adobe empapelado. La conmoción pasó a ser un silencioso embelesamiento por parte de los presentes, quienes ni siquiera quisieron encender un cigarrillo para no interrumpir el concierto de fina factura que tomaba cabida ahí, en pleno magenta rose.
Sublime...
Pianissimo crescendo a fortissimo...
grand finale en mi mayor...
En sus tan sólo 3 minutos de duración “ angel” fue ejecutada con mano de maestro y en una versión digna de golpes de atriles.
grand finale en mi mayor y el último dejo de nota sostenida se evaporó ante todos.
Se prolongó el silencio absoluto, mientras Lady lucy caía sobre el piano como un paño de seda descolorido.
Y ahí se quedó, en medio del silencio de la multitud, sin energía, con su corazón vacío y su ropa interior llena de clientes.
John Cancino, quien cuidaba de lady lucy como si fuese su hermano mayor, acudió a recibirla para llevarla a su habitación. Se abrió paso entre todos para recibirla en sus brazos y cargarla hasta el final del pasillo. No había nada más que mirar, se acabo la presentación.
No era necesario ser cursi ni superficial, pero la ocasión no merecía menos que un aplauso. Al menos uno. Y eso fue precisamente lo que Kuky Julio hizo. Su primer choque de palmas sonó tan solitario como el último fósforo en la caja. Acto seguido los demás presentes se comenzaron a sumar al aplauso de forma gradual. Ahora el público respondía con un pianissimo crescendo a fortissimo, pero de palmas humanas.
Luego de 10 o más minutos ( o años , no recuerdo bien ) Cancino pudo abrirse paso entre la tropa de clientes que lamentaban no haber grabado el cortísimo concierto en sus celulares o ipods.
Atrapada en aquel muro de ovaciones, lady lucy se sintió mejor, como una taza de chocolate en un dia frío. Muchos pesares se vieron alivianados en esa noche, como si encontrase una luz de salida de un túnel.
Cansada, destruida, pero con una parte de su corazón que estaba llena. ¿De qué?, da lo mismo, pero no recordaba haberlo sentido desde hace mucho tiempo. Desde mucho antes de conocer al concha de su madre de Julito Meneses. Pero eso es parte de otra historia.
Ahora quería dormir, pasar la resaca y los dolores en su entrepierna. Quería despertar sin perder esa sensación en su corazoncito, y tener la certeza de no haberlo soñado.
que no sea un sueño...
que no sea ...
que no....